Iluminó el dolor, que me rasgaba.
Hoy, otro rayo de Sol, acompañó mi pena.
Casi perdida y triste, creí que llegabas.
¿Es Tu rostro, Dios mío, el que aparece...,
después de largo tiempo de silencios, de ausencias y esperanzas?.
después de largo tiempo de silencios, de ausencias y esperanzas?.
Ella, quizás, te habló de mis pesares.
Como Madre, tal vez, entendió mi dolor.
No sé si esta prueba, estará terminando.
Si quedarán puñales, para su corazón.
No sé si esta prueba, estará terminando.
Si quedarán puñales, para su corazón.
¿Hasta cuando, Dios mío?, Te pedí, suplicando,
me ocultarás tu rostro, ante tanto pesar,
que en mi angustia y desvelos, te he pedido llorando,
que en mis tribulaciones, me des una señal.
No sé, si será esto, lo que estoy intuyendo.
No sé, si serás Tú, Quién estás actuando.
Quiero creer que sí, que no te has olvidado,
de esta vieja amistad, que nos hemos brindado.
De mi fé y de mi amor, sin condiciones,
que me hace serte fiel, sin más razones;
en océanos azules, y días de bonanza;
en aguas turbulentas, en suertes y en desgracias.
Pero un día, mi rosa, fue perdiendo el perfume;
aquella que cuidé con tanto esmero,
fué entregando su luz y su inocencia,
cambiándolas por besos y promesas,
que sólo daño hicieron.

