no bastaron las primeras lecciones de mi infancia;
las que siguieron en mi juventud,
ni las que trajo la madurez calmada.
Hoy, mi camino se bifurca,
hacia un sendero de soledad naciente,
donde el mar, el cielo y la estrellas,
serán mis compañeros para siempre.
Hoy, aprendo que el amor que siento,
es el mismo que me guía y transforma,
hacia un lugar, donde el silencio siempre,
será mi marco donde pasar las horas.
Yo siempre tuve miedo del silencio,
de despertar sola en las mañanas,
pero el pequeño vacío va creciendo
y la soledad ocupará toda su estancia.
Cuando, de joven, todo eran teorías,
formuladas sólo por mi mente,
no pensé que llegaría, inclemente, el día,
en que ellas, se manifestaran plenamente.
Ha llegado en silencio, paso a paso,
la madurez, que de inmensos amores nos aleja,
ocupando nuestro lugar las ilusiones,
que, con fuerza, emergen en las vidas nuevas.
Y es, en estos momentos, cuando duele
el tremendo vacío que ha quedado,
un hueco enorme en el que, cobijado,
se oculta el corazón acongojado.

