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viernes, 10 de abril de 2026

A MI MADRE

 Mamá, me siento triste al verte. Te veo como, cada día, vas perdiendo un poco más de tí misma, vas desapareciendo, para dejar paso a un ser completamente desvalido, que baja por la pendiente que un día, hace 90 años, empezaste a subir con toda la salud del mundo, juventud y alegría. Ahora, ya no eres tú. Me cuesta reconocer en tí a aquella mujer valiente, optimista, a la que las cosas supérfluas de la vida, nunca prestó atención ni dio importancia. Quizás, porque tus circunstancias personales fueron demasiado duras y te exigieron sobrevivir, antes que vivir.

Recuerdo...¡tantas cosas!, toda una vida a mi lado, en las buenas y en las malas. Fuiste mi madre, mi mejor amiga, mi confidente y mi soporte durante todos esos años en los que fuiste tú misma y te sentías bien. Dios permitió que vivieras muchos años, porque siempre me hiciste muchísima falta. Sólo estuvimos las dos, (aparte de papá), cuando las cosas en la vida se nos ponían difíciles, por uno u otro motivo; siempre me protegiste, (quizás demasiado), de los embates de la vida, cuando ésta se me ponía en contra, en cualquier circunstancia. 
Hoy recuerdo, cómo me arropabas por las noches, (nadie lo hacía mejor, ni siquiera las abuelas); cómo me pasabas a tu cama, cuando tenia miedo por las noches, cómo me llevabas, antes que llegara la fiesta del Corpus, a comprar esa tela preciosa para confeccionarme el vestido que ese día estrenaría, junto a los zapatos negros de charol. También recuerdo aquel abrigo beis, precioso, con los botones de chocolate que estrené un día de Todos los Santos. Aquel abrigo me gustaba muchísimo y, creo que desde entonces, la combinación del marrón chocolate con el beis, es la que más me gusta.
 Quizás creas que ahora, en estos años difíciles que estamos viviendo, todo eso se me ha olvidado, pero no es así. Sé cuanto me has querido y cuanto me has dado y, si en algo te equivocaste, nunca fue tu culpa, sino quizás tu dificultad para entenderme en algunos momentos complicados para mí. A todas las madres nos pasa lo mismo, y yo, lo entiendo ahora, que también soy madre. Sé hasta donde me quisiste, hasta donde llegó tu entrega, hasta las cosas a las que renunciaste, por estar a mi lado, cuando la vida me ponía a prueba.
 Ahora, todo eso cambió para las dos y Dios nos sometió a la más terrible de las pruebas: tu enfermedad, que te quitó la libertad de elegir tu vejez como te hubiera gustado y, por mi parte, me quitó la libertad de vivir lo que tantas veces había ansiado, cuando mi marido no estaba: poder vivir unos pocos años junto a él tratando de compensarle y compensarme de tanta soledad como ambos pasamos durante 36 años, en los que estuvimos separados por causa del trabajo. 
Dios, nos ha unido en estos últimos años más que antes, pero mientras que antes, fue una unión libre y elegida, ahora ha sido impuesta con cadenas irrompibles. Si, irrompibles, porque, aunque haya estado en mi mano romperlas y volar, no he querido hacerlo, primero, porque eres mi madre y eso ya es mucho y, segundo, porque no lo hubieras merecido de ninguna de las maneras. No tú, que has vivido por y para los demás. Por eso sigo aquí; por eso, pongo cada día a prueba mis nervios, los cuales, se tomaron la libertad de ir en mi contra y en contra de mis principios y de lo que quiero, causándome esta depresión y esta ansiedad que me devora y, a pesar de todo, intento cada día, sacar la cabeza del agua para no ahogarme.
 Este es mi destino, de momento, y así seguirá hasta que Dios quiera, porque, aunque mi salud esté en entredicho, sería mucho menos saludable para mí, soltar estas amarras que Dios puso en mi camino. Hoy, día de la Madre, quiero dejar por escrito, lo que siento, cúanto te quiero, cúanto he deseado toda la vida que seas feliz y cúanto estamos sufriendo las dos también estas circunstancias, en las que tú no puedes ser ya tú misma, ni yo ser la persona fuerte que me gustaría ser, para no inmutarme con nada ni ante nada, sino estar ahí, siempre presente, sin ira, ni rencor, ni impaciencia, ni desesperación, como a veces siento. Creo, lo sé, que no hay nadie perfecto y que todos hacemos las cosas lo mejor que podemos, pero siempre quedará algo por hacer, siempre habrá algo que me recuerde que podría haberlo hecho mejor. Lo siento. mamá.
 Sólo quiero que sepas que te quiero, que te he querido por encima de todo, siempre, y que, si en algunos momentos te he fallado, no he sido yo, sino mis neuronas, que se volvieron infieles a mí misma. Nada más. Sólo decirte que allí, donde vayas, recuerdes siempre que mi intención siempre fue hacer y darte lo mejor para que te sintieras bien y a gusto a mi lado, aunque no siempre lo haya conseguido. Te quiero. ❤️


lunes, 2 de junio de 2025

LA HOJA SECA

En el presente otoño de mi vida, las hojas secas pueblan mi existencia. Son hojas que, antes fueron verdes, precursoras de flores llenas de sensibilidad, pasión, arte, amor…

Ahora, la experiencia y la ternura, son la esencia de la hoja seca.

Hubo otros tiempos, ni mejores ni peores, aunque no tan conscientes como los de ahora; hoy, llenan de colores amarillos y naranjas el otoño.

Nadie las ve. Si acaso, las apartan del camino o las pisan y, curiosamente, algún niño recoge una del suelo y se queda mirándola, admirándola, imaginando que hacer con ella, buscándole una posible utilidad.

No sabe aún que también un día, fue un brote de vida y, que eso mismo, les une en ese instante. 

Primavera y Otoño, unidos en el mismo discurrir de la existencia.

Isa*







domingo, 28 de marzo de 2021

A mi pastelito, David


Un lucerito pequeño

brillante y lleno de amor,

llegó un día a nuestras vidas

como un regalo De Dios.

Cómo poner en palabras

lo que siente el corazón,

al contemplar su sonrisa

como cuando sale el Sol.

Dos pedacitos de cielo

son sus ojitos preciosos

cuando contemplan la vida, 

cuando sonríen gozosos.

Mi niño es algodón dulce,

Es ternura, ¡le amo tanto!

Me hace que mis anhelos se calman

cuando le tengo en mis brazos.

Ya hay dos soles en mi vida

que, como agua de Mayo,

hicieron crecer las flores

en mis brazos y en mis labios.


Isa*


jueves, 15 de marzo de 2018

A Pablo, mi nieto, mi amor.

Querido Pablo, mi pequeño y gran amor.

Cuando un bebé nace, se dice que su mamá ha dado a luz. Puedo ver y sentir que tú eres la luz. La que, a partir de tu llegada, iluminas las vidas de todos los que te amamos; la nueva luz que Dios envió a esta Tierra, para que pudiéramos ser conscientes de la maravilla de su Creación. En ti, se unen las cosas más bellas de ese milagro de amor, que es el nacimiento de un nuevo ser: pureza, ternura, inocencia...todo esto y mucho más.
Con tu presencia, nos enseñas que la vida merece ser vivida, solo por tener el privilegio de asistir a la tuya, como espectadores extasiados, ante tanta belleza y perfección.

 El tiempo, vuela a tu lado y se detiene en tu mirada, tu sonrisa, y tus gestos. El tiempo, se ha parado ante tí, porque tu nos situas en el presente, que nos suspende a tu lado, sin que pasen las horas, siguiendo cada una de tus evoluciones, como ser humano y divino a la vez. Sí, divino, porque la Vida, tu vida, manifestada a través de tí y en tí, ha sido obra de la Divinidad.
Te quiero, Pablo, mi niño, mi amor. Es algo inefable lo que siento y por eso, mis palabras se quedan pobres y vacías, para poder expresarlo.

Un manantial de vida, como agua nueva, ha llegado a nuestras vidas; una suave brisa, se ha llevado las hojas secas para dejar paso a la Primavera; una nueva luz, ilumina nuestro sendero, lleno ahora de flores.

Tu abuela,
Isabel.






miércoles, 17 de febrero de 2016

Recuerdos de tí, mamá.

Aún guardo ropa de mi madre, casi sin estrenar. Ayer, cogí uno de sus jerseys y lo abracé contra mi pecho. Fue el puente que me unió, en esos momentos, a ella; a esos recuerdos de cuando lo llevaba puesto. Una sucesión de imágenes inolvidables, tiernas, agradables, satisfactorias para mí, al volver a recordarla, arreglada, en la calle, en el médico, cuando íbamos a comer fuera...

Era el eje de mi vida. Creía que me restaba libertad y, ahora sé, que la libertad fantaseada, no era real. En cambio, mi razón principal para vivir sí; y ésta, era ella.

 

lunes, 19 de octubre de 2015

Hoy, decido...

Hoy decido... volver a vivir;
incorporarme a la corriente de la vida, a mi manera.
Enfrentar el miedo a la soledad. Quererme, cuidarme y disfrutar.

Hoy, quiero volver a ser yo.
Me tengo a mi misma: mi mente, mi cuerpo, mis arrestos para enfrentar el futuro, y mi voluntad.

Hoy, no voy a mendigar amor, ni comprensión, ni entendimiento, ni empatía; porque todo esto, ya lo tengo y está en mi interior.

Hoy, vivo y dejo vivir; porque hice lo correcto, lo imposible, lo increíble. Porque me di entera, cuando me necesitaron y porque puedo descansar en paz, por ello.

Hoy, no reniego del dolor, como parte de la vida, pero no lo grabaré a fuego, en mi corazón.

Hoy, asumo mi propia vida: mi libertad, mis deseos, mi libre albedrío para elegir lo que quiero y necesito.
A la vez, desvinculo mi propio bienestar del ajeno. 
Porque todos pueden elegir sus propias vidas, como yo elijo la mía.

Hoy, por fin, me siento fuerte para decidir.

Hoy, puedo decir todo esto, nacido de mi propio ser, porque Alguien me ha ayudado a ver.

Hoy, llegó por fin, el alivio a mi dolor, que tantas veces pedí.

Hoy, puedo afirmar con seguridad, que la luz para hacer esta declaración de intenciones, procede del mismo lugar: DIOS.

Isabel*





jueves, 20 de agosto de 2015

En tus manos

Ahora, más que nunca, he puesto mi vida en manos del Padre. Esto es lo mejor que ha podido pasarme, lo mejor. Nadie como un padre, para amarte y querer lo mejor para ti. Y, si ese padre, es el Padre de mi "Jefe", más aún, porque lo puede todo y de El, todo depende.

Puede, a la vez que me ama, administrar mi vida, hacer planes para mí y, en definitiva, darme todo lo que necesito para vivir. He sentido, en los momentos más amargos, la necesidad de "consagrar" mi vida a El, sentarme en sus rodillas y, milagrosamente, esos momentos de lágrimas y desconsuelo, se han transmutado en sentimientos de bienestar, ligereza, armonía y amor, más grandes, si cabe, que cualquier otro sentimiento. El está en mi, porque yo sigo confíando en El y Su paz es mi paz.


Alguien podría decir, al leer esto, que todo se debe a la necesidad de agarrarnos a algo, cuando las cosas van mal, pero puedo asegurar, que esto no es del todo cierto. Sí, somos humanos y nos sentimos solos ante las adversidades de la vida, pero quien mira hacia arriba y confía, el miedo le desaparece.

Hubo alguien, querido y admirado por mí, que un día, en plena Naturaleza y cerca de unas cataratas que le salpicaban su ropa, 
miró también hacia arriba y en unos momentos inefables para él, puso su vida y sus asuntos en manos de Dios, del "Barbas" como él le llama cariñosamente. Ahora camina en paz y se siente contínuamente acompañado. 
El me dio la idea, cuando leí esta experiencia personal, en uno de sus libros. Entonces me pregunté: ¿y por qué no? La idea, cada vez cobraba más fuerza en mí y, al principio, de forma tímida y luego, cada vez más segura, me he ido poniendo en sus manos.

En estos momentos, ya es definitivo. En sus manos estoy. Me siento liberada de cargas, dolor, sufrimiento, ira, miedo... y siento una gran paz y alegría; mi corazón vuelve a estar lleno. El vacío que mi madre dejó en mi vida, que no en mi alma, se está llenando de otras cosas, de otras misiones y motivos para seguir en la brecha. Todo ha sido debidamente planificado y estudiado por El. Lo tengo claro. La imagen que me acompaña es... ¡mágica!, sí, como lo digo: mágica. No lo sabía. Me lo dijo un mensajero y él mismo, ha sido bendecido y tocado por Su mano, para difundir este maravilloso mensaje de amor, seguridad, confíanza y paz, que El ha querido transmitirnos a través de alguien de nuestro tiempo. 

Gracias Juanjo, porque gracias a tí, mi fé y mi confíanza, que eran un poquito precarias, han crecido con la fuerza del amor y de tu inestimable testimonio.

Isabel*




martes, 21 de julio de 2015

Vivencias inolvidables

Puede que un día, escriba nuestra historia. Una historia como todas pero, a la vez, diferente. Será como una catarsis para, quizás, nacer a una nueva vida. En mi vida de ahora, sigues estando tú y creo que lo estarás siempre.

Dicen que debo dejarte ir, que asciendas sin cortapisas ni afectos que te retengan a mi lado, pero estás en mi, cada día, cada hora, en mi mente y en mi corazón. Estás con una fuerza inusitada, amorosa
y nostálgica a la vez.
No sé si algún día tu presencia en mi, se irá difuminando hasta hacerse casi imperceptible, pero ahora sigues aquí, conmigo, y sólo deseo que me abraces y poderte abrazar así, sintiendo ese inmenso amor que siempre hemos sentido la una por la otra y que, nos hacía ser inseparables.

El destino nos jugó una mala pasada y, a la vez, nos ofreció una oportunidad inigualable para estar juntas, hablar, sacar a la luz nuestro cariño, nuestros agravios, nuestras vivencias, tal como cada una las vivió. Fue una etapa dura y tierna a la vez y las imágenes siguen impresas en mí, como si estuvieran ocurriendo en este momento.

Recuerdo un día, en el cual, me quedé dormida, cerca de tu sillón. Sentí como me tapaban con la pequeña manta que aquí tenemos. Abrí los ojos y te vi. Te habías levantado y, con trabajo, la habías cogido con tu única mano útil y me la habías echado encima. Fue un amoroso detalle que, en su momento, no le di el valor que, retrospectivamente, le doy ahora que ya no estás. El valor que sólo se le puede dar a una madre.

Gracias, mamá, por ser como eres. ¡Deseo tanto verte y abrazarte!... No hemos podido despedirnos, como me hubiera gustado, aunque sé que ambas sabíamos que, más pronto que tarde, esto llegaría;
 estábamos preparadas para ello, pero aún quedaba pendiente ese último abrazo, esos últimos besos y ese desearte un buen viaje, hacia el lugar donde no existe el tiempo, sólo la presencia del Padre y de los seres queridos que te precedieron.

Te quiero.

Tu hija.


domingo, 21 de junio de 2015

EL LEGADO

No sé cómo empezar esta carta póstuma, para decirte todo lo que se me quedó atrapado en el último momento. Te fuiste sin despedirte, no sé cúando ni en qué momento. Sólo sé que ya no estabas y que tú mano, yacía inerte entre las mías. .Nada me lo avisó, porque te fuiste en silencio, poco a poco, alejándote despacio para no hacer ruido ...

Me has dejado un legado: la consciencia del Amor, la sabiduría de que sólo el Amor vale la pena y todo lo demás no es patrimonio del ser humano, porque está vacío, sin Alma, y nos hace estar ciegos.

Hace mucho que no eras tú, que ya no me entendías, porque quizá, la banalidad de mis palabras no eran importantes para tí. 
Nunca has sido mente, sino corazón, vitalidad, fuerza e impulso. Fuiste una gran mujer, una gran persona, con una misión difícil en esta vida. Toda una heroína, que ahora vuela para correr a los brazos de Dios, el Padre que más te ha amado siempre y te aliviará ahora de tanto sufrimiento.

Perdóname, mamá, por no haber estado a tu altura. Por ser débil en innumerables ocasiones, (bien lo sabías tú, que decías que nada me resbalaba y hasta que no servía para la vida, porque ésta era muy dura). Perdóname, MAMÁ. Que palabra tan grande y tan hermosa, la cual ya no podré pronunciar ante tí, nunca más en esta vida.

No intento retenerte, porque sé que tu felicidad ahora, está con El, al que tanto amo y al que siempre te dije que regresarías para poder amar y ser amada, como tú mereces, volar libre como tú querías, y estar junto a los seres queridos que te precedieron en este víaje.

Sólo quiero que, desde donde estés, sepas cuanto te he querido toda mi vida, cuanto te he necesitado y te sigo necesitando. Por siempre, hasta que nos volvamos a ver.

Tú fuiste el pilar más fuerte e importante de mi vida, siempre firme, al que me agarraba en medio de cada tempestad. Luego, el pilar para ti, pasé a ser yo. No fue fácil, sino duro y difícil. Un pilar, al fin y al cabo, hecho de barro que en cualquier momento, podía deshacerse bajo la tormenta. Pero....no ha sido así. He estado contigo, en lo bueno y en lo malo, no con la fuerza con que tú lo estuvistes conmigo, pues tu corazón era tan inmenso, que la razón no tenía cabida en él. Desafiaba cualquier tipo de inconveniente, obstáculo o enfermedad, para siempre ganar la partida.

Siento no haber llegado a tu talla, como tú lo merecías. Sólo puedo decirte, con todo el dolor de mi corazón, que llegué hasta donde me permitieron mis propios límites; llegué, muchas veces, a sobrepasarlos. Muchísimas veces. Lo sabrás ahora, que eres todo luz y conocimiento. Aquí, nunca pudiste darte cuenta del todo, de mi amor, mi empatía, mi lucha y mi pena. Nunca, porque tampoco los límites que imponen los años, te lo permitieron.

Sólo me queda la esperanza y tambien la confíanza, de que ahora podrás saber, al fin, toda mi verdad. Toda. Cúanto te quise, cúanto te respeté, cúanto luché y las veces que casi enfermé de impotencia, ante tu enfermedad y mi desesperacion.

Ahora, te has ido. Creo que lo tenías ya pensado, asumido, planificado. Te has ido antes del verano, para que yo pueda descansar como tú querías, y porque tú, ya no querías nada más de esta tierra.

Sólo, como dice mi querido Juanjo, querías ser "Al fin libre".

Tu hija, Isabel

domingo, 17 de mayo de 2015

Entre dos aguas

Hoy, estoy entre dos aguas. Sólo conozco lo que es navegar en una de ellas. En la otra, no lo sé aún, pero he de probarlo. Va a ser un salto al vacío pero, al fin y al cabo, un salto en aprendizaje y experiencia.

No puedo permitirme dudar ni mirar hacia atrás. He aprendido, desde la última decisión fallida, que no es válido, ni bueno para nadie, permanecer estancada en las mismas circunstancias que, de pronto, me llevan a la desesperación, la impotencia, la ineficacia y el dolor. Ahora, es el momento de saber con certeza si, cambiando el esquema de mi vida, puedo ser más feliz, más eficiente conmigo misma y con los demás y, desde luego, más amorosa.

 La calidad de vida de quienes me importan puede verse aumentada con esta decisión. También el fruto de la misma, puede no ser tan bueno para mí o para la persona subsidiaria de este acto.
En este caso, siempre habrá marcha atrás. Tiene arreglo, pero ahora, tras dudas y más dudas, tras contínuas traiciones a mí misma y a mi salud, obviándola por completo, he de mirar hacia adelante, con fe y confianza; sobre todo, confianza. De todo esto, ha de salir algo positivo sin duda: tanto si los resultados fueran favorables, como si no lo fueran.

Quien nada arriesga, nada gana y aunque mi espíritu esté en la cuerda floja y a ciegas, sobre el posible resultado, no puedo permanecer sentada a verlas venir, cuando lo que ha acontecido a lo largo de los últimos doce años, no ha sido nada productivo en cuanto a felicidad se refiere y, sobre todo, para la persona a la que he dedicado todas mis energías, mi cariño y mis desvelos. Es la verdad y, con esto, me basta.

Isa J.



sábado, 8 de noviembre de 2014

APRENDIENDO…

Hoy, aprendo qué significa la renuncia,
no bastaron las primeras lecciones de mi infancia;
las que siguieron en mi juventud,
ni las que trajo la madurez calmada.

Hoy, mi camino se bifurca,
hacia un sendero de soledad naciente,
donde el mar, el cielo y la estrellas,
serán mis compañeros para siempre.

Hoy, aprendo que el amor que siento,
es el mismo que me guía y transforma,
hacia un lugar, donde el silencio siempre,
será mi marco donde pasar las horas.
Yo siempre tuve miedo del silencio,
de despertar sola en las mañanas,
pero el pequeño vacío va creciendo
y la soledad ocupará toda su estancia.

Cuando, de joven, todo eran teorías,
formuladas sólo por mi mente,
no pensé que llegaría, inclemente, el día,
en que ellas, se manifestaran plenamente.

Ha llegado en silencio, paso a paso,
la madurez, que de inmensos amores nos aleja,
ocupando nuestro lugar las ilusiones,
que, con fuerza, emergen en las vidas nuevas.

Y es, en estos momentos, cuando duele
el tremendo vacío que ha quedado,
un hueco enorme en el que, cobijado,
se oculta el corazón acongojado.

Más no por ello, exhibiré mi alma,
ni su tristeza, ni sus soledades,
pues mi amor es más grande que el dolor,
y la batalla ganará, en las tempestades.

lunes, 10 de febrero de 2014

LA MARCHA

Betty se ha marchado. Ha vuelto a su hogar, a vivir una vida paralela a la nuestra, pero lejos de nosotros. Otro amor que marcha y un nuevo dolor. Una nueva y dolorosa despedida. ¡Maldito destino que juega en contra de nuestros deseos! Que mantiene separada a la gente que se quiere y se echa de menos; que nos obliga a aceptar y resignarnos a las circunstancias.
Es algo que sé, debemos superar, pero no se supera nunca; si acaso, se malvive con la aceptación y la crueldad del destino. Ahora, un nuevo ser, se acercó a nuestras vidas, le amamos y también vuela, dejando tras de sí, las raíces del cariño que surgió en su compañía.

Sólo nos queda, me queda, seguir adelante; viviendo, de algún modo, aturdida por otras historias, otros asuntos, otras cosas que mantengan mi mente y mi corazón alejados del dolor de la separación insoslayable. Libros, donde sumergirme; películas, para que pase el tiempo más rápido, amigas con las que compartir el dolor de la ausencia y darnos consuelo mutuamente, por nuestros problemas, más o menos comunes.

Nunca imaginé, a pesar de todas mis previsiones, de todo mi cuidado en no caer en las mismas cosas que otras han caído antes, que la vida nos tendría reservada esta jugarreta; nunca pasó por mi mente que algo así nos pasaría; que un avión, sería el medio para poder vernos, de vez en cuando. Nunca me preparé para esto y, precisamente, esto es lo que ha pasado. Cuantos libros de aprendizaje, cuanto interés y cuidado he puesto en procurar la felicidad de mis hijas, pero, ingénua de mí, nunca conté con mis propios sentimientos, porque eso no me preocupaba. No creí que algún día aparecerían para recordarme que yo también soy un ser humano vulnerable a la separación fortuita y al dolor que ello me produciría.
No lo tuve en cuenta. Como decía mi padre, "La cuerda se parte por lo más endeble". Efectivamente, así ha sido. Por donde nunca imaginé que se rompería.

Mi ilusión de tener una familia unida, presente, los unos para los otros en momentos difíciles, se ha esfumado. Por mucho que quiera creer y engañarme a mí misma, pensando que, hoy día, hay medios de transporte suficientes y tecnología de sobra, para verse cuando se quiera, no es esto lo que siento realmente. La realidad es que no estamos juntos; que no hay un café para compartir, un momento para reir o llorar unidos. No lo hay, porque el destino, tremendo traidor, así lo ha decidido.

Isabel

jueves, 11 de julio de 2013

A MI HIJA, EN SU BODA


En este día especial querida hija, el más feliz de tu vida, quiero dedicarte unas palabras, sencillas, pero salidas del corazón.

Decirte, aunque creo que lo sabes, que desde que naciste, he estado y quiero seguir estando a tu lado, en cada ocasión importante de tu vida, siempre que tú lo desees, como es ésta de hoy. Tus alegrías, han sido y siguen siendo mis alegrías y tus momentos difíciles, también los he sentido y los siento como propios. Siempre intuí que así sería y así es.
Hay personas que argumentan que ser madre no es eso, que debemos tener vida propia, que debemos ser felices por nuestra cuenta, independientemente de los hijos. Pero esas teorías, ciertas en parte, adolecen de una verdad fundamental: y es, que la propia felicidad no es tal, al menos para mí, si mis hijas no están bien, si tienen problemas, si ellas, en definitiva, no son felices.

Por eso hoy, es también un día grande para mí, porque vas a unirte a David en matrimonio, la persona a la que amas, la persona que te hace feliz, alguien que te ha demostrado, durante todo el tiempo que ha durado vuestro noviazgo, que el amor que sientes hacia él, es totalmente correspondido.

También quiero que sepas que te estoy inmensamente agradecida por ser como eres, por ser mi luz en la oscuridad, mi arcoíris tras la lluvia, y mi calma en medio de la tormenta. Porque desde que aprendiste a ver, me enamoré de tus ojos, de la bondad que irradian y de la paz que transmiten. Porque eres tan....especial, que necesitaría de toda una vida, para enumerar todas tus cualidades. Gracias, por elegirme como madre, y gracias a Dios, por permitírtelo.

Hoy, David y Silvia, habéis elegido vuestro propio camino, el cual, unas veces, será fácil de transitar y otras, estará salpicado de las dificultades propias, que la vida ofrece. Nunca dejéis de remar al unísono, aunque los vientos no soplen a favor vuestro, porque de las victorias obtenidas tras las batallas, vuestro amor saldrá siempre aumentado y fortalecido.

Y ya, para no extenderme más, deciros que os deseo toda la felicidad del mundo y que Dios bendiga vuestra unión siempre.

¡Felicidades!

Isa*


martes, 20 de noviembre de 2012

A KATY, mi tesorito peludo

Tú trajiste la alegría a nuestra casa,
nuestras vidas se llenaron de ilusión,
la ilusión de mirarte,
la pasión de achucharte,
la emoción de abrazarte,
de llenarte de amor.

Tú, a cambio, nos mostraste los colores,
en tus ojos descubrimos el azul,
ese azul que no vimos en el cielo
y el canela en la seda de tu pelo.

Pequeñita y vivaz, un torbellino
de carreras, de saltos, de caricias,
locura por doquier, juegos y risas,
musa de inspiración, protagonista.

Amor, calor, pasión un día nos diste,
en el centro de atención te convertiste,
objetivo de juegos y alegrías,
de tristezas y eventos, conpañía.

El Otoño también llegó a tu vida,
tu belleza seguía inalterable,
adornada de paz y de ternura,
nuestro amor aumentaba más si cabe.

Y un día gris, cuando nada presagiaba
que el final de tus días estaba cerca,
la nada te apartó de nuestro lado,
ocupando tu sitio la tristeza.

Descansa tierna Katy, allá en tu cielo,
si es que existe un sitio asi en el Universo;
que tu estancia  sea dulce y placentera
porque tú te lo has ganado en esta Tierra.

Isa*