Aún guardo ropa de mi madre, casi sin estrenar. Ayer, cogí uno de sus jerseys y lo abracé contra mi pecho. Fue el puente que me unió, en esos momentos, a ella; a esos recuerdos de cuando lo llevaba puesto. Una sucesión de imágenes inolvidables, tiernas, agradables, satisfactorias para mí, al volver a recordarla, arreglada, en la calle, en el médico, cuando íbamos a comer fuera...
Era el eje de mi vida. Creía que me restaba libertad y, ahora sé, que la libertad fantaseada, no era real. En cambio, mi razón principal para vivir sí; y ésta, era ella.
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miércoles, 17 de febrero de 2016
domingo, 21 de junio de 2015
EL LEGADO
No sé cómo empezar esta carta póstuma, para decirte todo lo que se me quedó atrapado en el último momento. Te fuiste sin despedirte, no sé cúando ni en qué momento. Sólo sé que ya no estabas y que tú mano, yacía inerte entre las mías. .Nada me lo avisó, porque te fuiste en silencio, poco a poco, alejándote despacio para no hacer ruido ...
Me has dejado un legado: la consciencia del Amor, la sabiduría de que sólo el Amor vale la pena y todo lo demás no es patrimonio del ser humano, porque está vacío, sin Alma, y nos hace estar ciegos.
Hace mucho que no eras tú, que ya no me entendías, porque quizá, la banalidad de mis palabras no eran importantes para tí.
Me has dejado un legado: la consciencia del Amor, la sabiduría de que sólo el Amor vale la pena y todo lo demás no es patrimonio del ser humano, porque está vacío, sin Alma, y nos hace estar ciegos.
Hace mucho que no eras tú, que ya no me entendías, porque quizá, la banalidad de mis palabras no eran importantes para tí.
Nunca has sido mente, sino corazón, vitalidad, fuerza e impulso. Fuiste una gran mujer, una gran persona, con una misión difícil en esta vida. Toda una heroína, que ahora vuela para correr a los brazos de Dios, el Padre que más te ha amado siempre y te aliviará ahora de tanto sufrimiento.
Perdóname, mamá, por no haber estado a tu altura. Por ser débil en innumerables ocasiones, (bien lo sabías tú, que decías que nada me resbalaba y hasta que no servía para la vida, porque ésta era muy dura). Perdóname, MAMÁ. Que palabra tan grande y tan hermosa, la cual ya no podré pronunciar ante tí, nunca más en esta vida.
No intento retenerte, porque sé que tu felicidad ahora, está con El, al que tanto amo y al que siempre te dije que regresarías para poder amar y ser amada, como tú mereces, volar libre como tú querías, y estar junto a los seres queridos que te precedieron en este víaje.
Sólo quiero que, desde donde estés, sepas cuanto te he querido toda mi vida, cuanto te he necesitado y te sigo necesitando. Por siempre, hasta que nos volvamos a ver.
Tú fuiste el pilar más fuerte e importante de mi vida, siempre firme, al que me agarraba en medio de cada tempestad. Luego, el pilar para ti, pasé a ser yo. No fue fácil, sino duro y difícil. Un pilar, al fin y al cabo, hecho de barro que en cualquier momento, podía deshacerse bajo la tormenta. Pero....no ha sido así. He estado contigo, en lo bueno y en lo malo, no con la fuerza con que tú lo estuvistes conmigo, pues tu corazón era tan inmenso, que la razón no tenía cabida en él. Desafiaba cualquier tipo de inconveniente, obstáculo o enfermedad, para siempre ganar la partida.
Siento no haber llegado a tu talla, como tú lo merecías. Sólo puedo decirte, con todo el dolor de mi corazón, que llegué hasta donde me permitieron mis propios límites; llegué, muchas veces, a sobrepasarlos. Muchísimas veces. Lo sabrás ahora, que eres todo luz y conocimiento. Aquí, nunca pudiste darte cuenta del todo, de mi amor, mi empatía, mi lucha y mi pena. Nunca, porque tampoco los límites que imponen los años, te lo permitieron.
Sólo me queda la esperanza y tambien la confíanza, de que ahora podrás saber, al fin, toda mi verdad. Toda. Cúanto te quise, cúanto te respeté, cúanto luché y las veces que casi enfermé de impotencia, ante tu enfermedad y mi desesperacion.
Ahora, te has ido. Creo que lo tenías ya pensado, asumido, planificado. Te has ido antes del verano, para que yo pueda descansar como tú querías, y porque tú, ya no querías nada más de esta tierra.
Sólo, como dice mi querido Juanjo, querías ser "Al fin libre".
Tu hija, Isabel
Perdóname, mamá, por no haber estado a tu altura. Por ser débil en innumerables ocasiones, (bien lo sabías tú, que decías que nada me resbalaba y hasta que no servía para la vida, porque ésta era muy dura). Perdóname, MAMÁ. Que palabra tan grande y tan hermosa, la cual ya no podré pronunciar ante tí, nunca más en esta vida.
No intento retenerte, porque sé que tu felicidad ahora, está con El, al que tanto amo y al que siempre te dije que regresarías para poder amar y ser amada, como tú mereces, volar libre como tú querías, y estar junto a los seres queridos que te precedieron en este víaje.
Sólo quiero que, desde donde estés, sepas cuanto te he querido toda mi vida, cuanto te he necesitado y te sigo necesitando. Por siempre, hasta que nos volvamos a ver.
Tú fuiste el pilar más fuerte e importante de mi vida, siempre firme, al que me agarraba en medio de cada tempestad. Luego, el pilar para ti, pasé a ser yo. No fue fácil, sino duro y difícil. Un pilar, al fin y al cabo, hecho de barro que en cualquier momento, podía deshacerse bajo la tormenta. Pero....no ha sido así. He estado contigo, en lo bueno y en lo malo, no con la fuerza con que tú lo estuvistes conmigo, pues tu corazón era tan inmenso, que la razón no tenía cabida en él. Desafiaba cualquier tipo de inconveniente, obstáculo o enfermedad, para siempre ganar la partida.
Siento no haber llegado a tu talla, como tú lo merecías. Sólo puedo decirte, con todo el dolor de mi corazón, que llegué hasta donde me permitieron mis propios límites; llegué, muchas veces, a sobrepasarlos. Muchísimas veces. Lo sabrás ahora, que eres todo luz y conocimiento. Aquí, nunca pudiste darte cuenta del todo, de mi amor, mi empatía, mi lucha y mi pena. Nunca, porque tampoco los límites que imponen los años, te lo permitieron.
Sólo me queda la esperanza y tambien la confíanza, de que ahora podrás saber, al fin, toda mi verdad. Toda. Cúanto te quise, cúanto te respeté, cúanto luché y las veces que casi enfermé de impotencia, ante tu enfermedad y mi desesperacion.
Ahora, te has ido. Creo que lo tenías ya pensado, asumido, planificado. Te has ido antes del verano, para que yo pueda descansar como tú querías, y porque tú, ya no querías nada más de esta tierra.
Sólo, como dice mi querido Juanjo, querías ser "Al fin libre".
Tu hija, Isabel
domingo, 17 de mayo de 2015
Entre dos aguas
Hoy, estoy entre dos aguas. Sólo conozco lo que es navegar en una de ellas. En la otra, no lo sé aún, pero he de probarlo. Va a ser un salto al vacío pero, al fin y al cabo, un salto en aprendizaje y experiencia.
No puedo permitirme dudar ni mirar hacia atrás. He aprendido, desde la última decisión fallida, que no es válido, ni bueno para nadie, permanecer estancada en las mismas circunstancias que, de pronto, me llevan a la desesperación, la impotencia, la ineficacia y el dolor. Ahora, es el momento de saber con certeza si, cambiando el esquema de mi vida, puedo ser más feliz, más eficiente conmigo misma y con los demás y, desde luego, más amorosa.
La calidad de vida de quienes me importan puede verse aumentada con esta decisión. También el fruto de la misma, puede no ser tan bueno para mí o para la persona subsidiaria de este acto.
En este caso, siempre habrá marcha atrás. Tiene arreglo, pero ahora, tras dudas y más dudas, tras contínuas traiciones a mí misma y a mi salud, obviándola por completo, he de mirar hacia adelante, con fe y confianza; sobre todo, confianza. De todo esto, ha de salir algo positivo sin duda: tanto si los resultados fueran favorables, como si no lo fueran.
Quien nada arriesga, nada gana y aunque mi espíritu esté en la cuerda floja y a ciegas, sobre el posible resultado, no puedo permanecer sentada a verlas venir, cuando lo que ha acontecido a lo largo de los últimos doce años, no ha sido nada productivo en cuanto a felicidad se refiere y, sobre todo, para la persona a la que he dedicado todas mis energías, mi cariño y mis desvelos. Es la verdad y, con esto, me basta.
Isa J.
No puedo permitirme dudar ni mirar hacia atrás. He aprendido, desde la última decisión fallida, que no es válido, ni bueno para nadie, permanecer estancada en las mismas circunstancias que, de pronto, me llevan a la desesperación, la impotencia, la ineficacia y el dolor. Ahora, es el momento de saber con certeza si, cambiando el esquema de mi vida, puedo ser más feliz, más eficiente conmigo misma y con los demás y, desde luego, más amorosa.
La calidad de vida de quienes me importan puede verse aumentada con esta decisión. También el fruto de la misma, puede no ser tan bueno para mí o para la persona subsidiaria de este acto.
En este caso, siempre habrá marcha atrás. Tiene arreglo, pero ahora, tras dudas y más dudas, tras contínuas traiciones a mí misma y a mi salud, obviándola por completo, he de mirar hacia adelante, con fe y confianza; sobre todo, confianza. De todo esto, ha de salir algo positivo sin duda: tanto si los resultados fueran favorables, como si no lo fueran.
Quien nada arriesga, nada gana y aunque mi espíritu esté en la cuerda floja y a ciegas, sobre el posible resultado, no puedo permanecer sentada a verlas venir, cuando lo que ha acontecido a lo largo de los últimos doce años, no ha sido nada productivo en cuanto a felicidad se refiere y, sobre todo, para la persona a la que he dedicado todas mis energías, mi cariño y mis desvelos. Es la verdad y, con esto, me basta.
Isa J.
sábado, 8 de noviembre de 2014
APRENDIENDO…
Hoy, aprendo qué significa la renuncia,
no bastaron las primeras lecciones de mi infancia;
las que siguieron en mi juventud,
ni las que trajo la madurez calmada.
Hoy, mi camino se bifurca,
hacia un sendero de soledad naciente,
donde el mar, el cielo y la estrellas,
serán mis compañeros para siempre.
Hoy, aprendo que el amor que siento,
es el mismo que me guía y transforma,
hacia un lugar, donde el silencio siempre,
será mi marco donde pasar las horas.
Yo siempre tuve miedo del silencio,
de despertar sola en las mañanas,
pero el pequeño vacío va creciendo
y la soledad ocupará toda su estancia.
Cuando, de joven, todo eran teorías,
formuladas sólo por mi mente,
no pensé que llegaría, inclemente, el día,
en que ellas, se manifestaran plenamente.
Ha llegado en silencio, paso a paso,
la madurez, que de inmensos amores nos aleja,
ocupando nuestro lugar las ilusiones,
que, con fuerza, emergen en las vidas nuevas.
Y es, en estos momentos, cuando duele
el tremendo vacío que ha quedado,
un hueco enorme en el que, cobijado,
se oculta el corazón acongojado.
no bastaron las primeras lecciones de mi infancia;
las que siguieron en mi juventud,
ni las que trajo la madurez calmada.
Hoy, mi camino se bifurca,
hacia un sendero de soledad naciente,
donde el mar, el cielo y la estrellas,
serán mis compañeros para siempre.
Hoy, aprendo que el amor que siento,
es el mismo que me guía y transforma,
hacia un lugar, donde el silencio siempre,
será mi marco donde pasar las horas.
Yo siempre tuve miedo del silencio,
de despertar sola en las mañanas,
pero el pequeño vacío va creciendo
y la soledad ocupará toda su estancia.
Cuando, de joven, todo eran teorías,
formuladas sólo por mi mente,
no pensé que llegaría, inclemente, el día,
en que ellas, se manifestaran plenamente.
Ha llegado en silencio, paso a paso,
la madurez, que de inmensos amores nos aleja,
ocupando nuestro lugar las ilusiones,
que, con fuerza, emergen en las vidas nuevas.
Y es, en estos momentos, cuando duele
el tremendo vacío que ha quedado,
un hueco enorme en el que, cobijado,
se oculta el corazón acongojado.
lunes, 10 de febrero de 2014
LA MARCHA
Betty se ha marchado. Ha vuelto a su hogar, a vivir una vida paralela a la nuestra, pero lejos de nosotros. Otro amor que marcha y un nuevo dolor. Una nueva y dolorosa despedida. ¡Maldito destino que juega en contra de nuestros deseos! Que mantiene separada a la gente que se quiere y se echa de menos; que nos obliga a aceptar y resignarnos a las circunstancias.
Es algo que sé, debemos superar, pero no se supera nunca; si acaso, se malvive con la aceptación y la crueldad del destino. Ahora, un nuevo ser, se acercó a nuestras vidas, le amamos y también vuela, dejando tras de sí, las raíces del cariño que surgió en su compañía.
Sólo nos queda, me queda, seguir adelante; viviendo, de algún modo, aturdida por otras historias, otros asuntos, otras cosas que mantengan mi mente y mi corazón alejados del dolor de la separación insoslayable. Libros, donde sumergirme; películas, para que pase el tiempo más rápido, amigas con las que compartir el dolor de la ausencia y darnos consuelo mutuamente, por nuestros problemas, más o menos comunes.
Nunca imaginé, a pesar de todas mis previsiones, de todo mi cuidado en no caer en las mismas cosas que otras han caído antes, que la vida nos tendría reservada esta jugarreta; nunca pasó por mi mente que algo así nos pasaría; que un avión, sería el medio para poder vernos, de vez en cuando. Nunca me preparé para esto y, precisamente, esto es lo que ha pasado. Cuantos libros de aprendizaje, cuanto interés y cuidado he puesto en procurar la felicidad de mis hijas, pero, ingénua de mí, nunca conté con mis propios sentimientos, porque eso no me preocupaba. No creí que algún día aparecerían para recordarme que yo también soy un ser humano vulnerable a la separación fortuita y al dolor que ello me produciría.
No lo tuve en cuenta. Como decía mi padre, "La cuerda se parte por lo más endeble". Efectivamente, así ha sido. Por donde nunca imaginé que se rompería.
Mi ilusión de tener una familia unida, presente, los unos para los otros en momentos difíciles, se ha esfumado. Por mucho que quiera creer y engañarme a mí misma, pensando que, hoy día, hay medios de transporte suficientes y tecnología de sobra, para verse cuando se quiera, no es esto lo que siento realmente. La realidad es que no estamos juntos; que no hay un café para compartir, un momento para reir o llorar unidos. No lo hay, porque el destino, tremendo traidor, así lo ha decidido.
Isabel
Es algo que sé, debemos superar, pero no se supera nunca; si acaso, se malvive con la aceptación y la crueldad del destino. Ahora, un nuevo ser, se acercó a nuestras vidas, le amamos y también vuela, dejando tras de sí, las raíces del cariño que surgió en su compañía.
Sólo nos queda, me queda, seguir adelante; viviendo, de algún modo, aturdida por otras historias, otros asuntos, otras cosas que mantengan mi mente y mi corazón alejados del dolor de la separación insoslayable. Libros, donde sumergirme; películas, para que pase el tiempo más rápido, amigas con las que compartir el dolor de la ausencia y darnos consuelo mutuamente, por nuestros problemas, más o menos comunes.
Nunca imaginé, a pesar de todas mis previsiones, de todo mi cuidado en no caer en las mismas cosas que otras han caído antes, que la vida nos tendría reservada esta jugarreta; nunca pasó por mi mente que algo así nos pasaría; que un avión, sería el medio para poder vernos, de vez en cuando. Nunca me preparé para esto y, precisamente, esto es lo que ha pasado. Cuantos libros de aprendizaje, cuanto interés y cuidado he puesto en procurar la felicidad de mis hijas, pero, ingénua de mí, nunca conté con mis propios sentimientos, porque eso no me preocupaba. No creí que algún día aparecerían para recordarme que yo también soy un ser humano vulnerable a la separación fortuita y al dolor que ello me produciría.
No lo tuve en cuenta. Como decía mi padre, "La cuerda se parte por lo más endeble". Efectivamente, así ha sido. Por donde nunca imaginé que se rompería.
Mi ilusión de tener una familia unida, presente, los unos para los otros en momentos difíciles, se ha esfumado. Por mucho que quiera creer y engañarme a mí misma, pensando que, hoy día, hay medios de transporte suficientes y tecnología de sobra, para verse cuando se quiera, no es esto lo que siento realmente. La realidad es que no estamos juntos; que no hay un café para compartir, un momento para reir o llorar unidos. No lo hay, porque el destino, tremendo traidor, así lo ha decidido.
Isabel
viernes, 31 de enero de 2014
UN NUEVO MIEMBRO EN LA FAMILIA
Hace poquito, ha entrado en nuestra familia, un nuevo miembro: Betty. Es una gatita de raza azul ruso, (aunque esto es lo de menos), que nos tiene a todos enamoraos. Es maravillosa: sana, inteligente, bella, juguetona, y nos ha robado el corazón. Es de mi hija, pero también es mía, porque la considero mi "nieta".
Para nuestra familia, los animales que adoptamos, son, por supuesto, miembros de la misma, porque consideramos que son seres con alma y personalidad propias. Les amamos, respetamos y les procuramos el máximo bienestar que está en nuestras manos.
¡BIENVENIDA, QUERIDA BETTY!
Para nuestra familia, los animales que adoptamos, son, por supuesto, miembros de la misma, porque consideramos que son seres con alma y personalidad propias. Les amamos, respetamos y les procuramos el máximo bienestar que está en nuestras manos.
¡BIENVENIDA, QUERIDA BETTY!
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